jueves, 18 de diciembre de 2008

BARRIO DE MARCHALENES

Título: Barrio de Marchalenes
Juan B. Viñals Cebriá
Fecha: 18-XII-2008
Comentario:

En Marchalenes, en el año 1957, las calles de Doctor Olóriz, al igual que la de Arzobispo Fabián y Fuero, se encontraban sin asfaltar, por lo tanto cuando caían cuatro gotas quedaban llenas de barro. La primera de las calles descendía desde el puente de San José a tres alturas: la calzada una, la línea de casas pares mas bajo y los impares que formaban como una calle particular aún más honda. Esto hizo que al salirse el río, por la rotura del pretil por Tendetes, se embalsara el agua y se retuviera muchos días después, quedando aislados y sólo podían llegarlos Bomberos y las barcas de la Cruz Roja. Continuamente se interrumpían las emisiones de radio para dar un aviso de Gobierno Civil alertando de la llegada de una riada . Recuerdo que dijeron que por Pedralva y Bugarra estaba ya pasando y era impresionante. Por Marchalenes en 1949, nosotros ya habíamos sufrido un desbordamiento. La eminente riada por la configuración antes referidas de las calles hizo cundir el nerviosismo entre el vecindario. Los demás vecinos debieron asustarse también porque empezaron a subir los enseres de las plantas bajas a los pisos. Pero poco podrían salvar porque al instante empezó a entrar el agua en la calle. Más tarde, sobre las tres de la madrugada, las gentes estaban agrupadas esperando el amanecer. En esas, sobre las tres de la tarde, empieza a llover como nunca he visto. A la oleada de agua que se veía pasar se unió la lluvia torrencial. Ahora ya se barruntaba la tragedia. Las casas, castigadas por la primera riada, pensábamos que no resistirían. Las gentes pasaban como podían de unas casas a otras por el tejado. Ver a las personas mayores en estas circunstancias era lamentable. En el grupo escolar Olóriz, había un refugio de durante la guerra civil, que no sé por qué motivo reventó haciendo el agua tan gran remolino que arrastró unas casas de las que acababan de llegar varias personas. El estruendo que aquello produjo fue tan grande que es entonces cuando esperábamos que se cayeran las casas .Entretanto veíamos como salían los grandes troncos del almacén de maderas que golpeaban en el finca del bar que se encontraba enfrente hasta que la derribaron. En fin, una ruina. Cuando en el resto de la ciudad se fue el agua, y empezó la lucha contra el barro en nuestra calle aun quedó embalsada el agua mas de dos días. A la izquierda de la calle Doctor Olóriz se encontraba el kiosco, propiedad de la familia Luján, el cual se encontraba instalado frente a la bajada del puente de San José, en el ángulo formado entre Doctor Olóriz, y por entonces avenida Burjasot, justo delante del mencionado almacén de maderas, esa noche, uno de sus hijos se quedó a dormir en el mencionado kiosco, que como hoja de árbol fue arrastrado por la violenta riada, milagrosamente el joven pudo salvar la vida al agarrarse de uno de los troncos arrojados de la vecina serrería. A continuación habían por aquel entonces dos bajos, continuaba el lienzo o tapias de una desvencijada fabrica de cal, en esa vieja fabrica de Yeso, un mendigo, tenia por costumbre guarnecerse para pasar allí las noches, se supone que en alguna de las arremetidas, desapareció entre las turbulentas aguas, al no verle más por la barriada, el sentir general fue de que la infortunada persona había muerto, probablemente correspondería su cuerpo ha algunos de los cadáveres que no pudieron ser identificados. Seguidamente se alcanzaba la “pallera” hasta la calle Trinquet (Arzobispo Fabián y Fuero) y, en cambio a la derecha la calle Doctor Olóriz, tenia un acusado desnivel que formaba como una segunda calle particular. Se bajaba por unas pequeñas escaleras de piedra, y en el paramento de sus modestos edificios destacaba la panadería, de cuyas puertas de cristales abiertas salían fuertes y sabrosas vaharadas de pan caliente, y otros clásicos establecimientos como la ?botigueta?, la carbonería, la barbería, la ?oliera?, el estanco y en la esquina, la “font”, y el Bar Zaidia. Como triste paradoja decir, que en el año 1857, las lluvias torrenciales destruyeron la primera capilla existente en el barrio de Marchalenes, y cien años después, en diciembre, como consecuencia de las terribles inundaciones acaecidas en octubre de 1957,se hundió la iglesia de Santiago Apóstol.
Juan B. Viñals Cebriá

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